Cuando descubres algo que te gusta, te encargas insitentemente de promocionarlo bombardeando a amigos y conocidos con el viejo boca-oreja. Cuando ese algo que descubres ya te gusta mucho sientes ganas de salir a la calle y gritarlo a los cuatro vientos, comprar un cartel de neón e instalarlo en la carretera al lado de “La teta alegre” o empapelar toda la ciudad a lo John y Yoko. Este último caso es el que más se ajustaría a lo que me ocurrió en la primera escucha de Los Lagos de Hinault.
LLH son un grupo de letras inteligentes pero cotidianas, cínicas a la vez que tiernas, prepotentes y humildes. De marisabidillo con amplitud de miras. No es de extrañar que detrás de ellas se encuentre uno de los cerebros pensantes del incenciario dúo Los Directivos y miembro de los disueltos Portonovo.
Por este motivo, al encontrarme la sala practicamente vacía y con unas veinte personas en el centro, me indigné. El sentido de lo que es justo y lo que no volvió a martillearme la cabeza. Cierto es que no ayudó mucho al grupo que hubieran programados varios conciertos esa misma noche y que los habituales de la sala dieran por hecho que el inicio del concierto se daría en el horario al que nos tienen acostumbrados.
Con público o sin él, Los Lagos de Hinault salieron a escena y arrancaron con El correo del Zar el primer tema del disco y un single como la copa de un pino. Tras los primeros aplausos, la adorable Matilde sonreía y daba las gracias con un encanto que nos enamoró a todos mientras Carlos seguía plantado impertérrito y mirando de reojo a los presentes, como si la cosa no fuera con él. Siguieron con Leandro de Borbón “Y me siento Leandro de Borbón, queriendo hacer valer su posición” y Las chicas rubias de Serrano. Nos sorprendieron con Señora, inédita en el disco y la preciosa La distancia sobrante en la que nos advierten con acierto nihilista “Sobra tanta realidad por todas partes”. Nos hicieron bailar con las irónicas Oscilobatiente y La sabiduría de Occidente. La versión de la insípida Amor en frío de Santiago Auserón y Francisco Rivas, interpretada con anterioridad tanto por Radio Futura como por Las Chinas, no acaba de encajar con el sonido del grupo. De sueño y café resultó ser la canción más coreada, quizás por su ataque “Los modernos de provincias lo pasan tan bien ensayando para ser DJ’s” en el que más de uno de los presentes se podía ver identificado. Cerraron el baile con El verano no nos quiere, dejándonos un regusto agridulce por un concierto bien gestado y que pocos pudimos disfrutar.
El contraste de la voz grave de Carlos Ynduráin y la dulzura de la de Matilde Tresca encajan a la perfección, como un rompecabezas sencillo pero efectivo. A pesar de la obviedad de que las bases pregrabadas pueden facilitar y a la vez estropear un concierto, el grupo cubrió con creces las expectativas que nos podían haber creado con su disco. Sin duda alguna, Los lagos de Hinault son un grupo al que vale la pena ver en directo y que merecen que se les abra la puerta de par en par en el circuito nacional.
Así, aunque el verano no nos quiera, el invierno estará al caer.
http://loslagosdehinault.bandcamp.com/album/vidas-ejemplares








Deja un comentario