
Ahí estábamos! En la sala Silenci, una sala desconocida para nosotros pero muy acogedora y con una gran acústica.
Un concierto muy esperado, incluido dentro del ciclo de Heineken Music Selector, con entradas agotadas, desde el viernes por la tarde y una afluencia de unas 1.000 personas, todo pintaba a una gran noche.
Vetusta Morla presentaba su nuevo disco, Mapas, pero estuvo más metido en su anterior largo, Un día en el mundo.
Todo empezó con Los días raros, tema que abre su segundo disco de estudio. Acto seguido, se iban sucediendo: Boca en la tierra y Cenas ajenas. Y entonces cayó!! Copenhague, muy pronto para mí, pero muy aclamada por todo un público enloquecido.
La cosa se calentaba y mucho… después de la séptima canción, Maldita dulzura, muy tarareada por toda la sala. El cantante, Pucho interactuó con el público, haciendo referencia al concierto anterior en Girona e intentando animar ( quizás un leve pique con connotaciones de humor) a la gente, haciéndoles saber que el público gironí gritaba más que el manresà, gran parte de su discurso hecho en catalán.

Desde ese momento la cosa cambió, el silencio desapareció y dio paso a un público ruidoso y entregado con el grupo. Todo fluía…
Ellos seguían a su rollo, tocando y disfrutando como si de su primer concierto se tratara, temazo tras temazo, la cosa llegaba a su fin. En el último tema de la noche, La cuadratura del círculo, sacaron un bidón para usarlo como percusión, y esto fue la traca final. Teclados, percusión y un sinfín de sonidos electrónicos, que envolvían y recordaban a una psicodelia de alta calidad.
En total, casi dos horas de disfrute para todos los asistentes que seguramente hubiéramos querido un poco más de los madrileños.
En último lugar, agradecer a la organización de la sala, el trato recibido y la atención prestada.
Redacción: Manel Ferrer
Fotografía: Esther Solano







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